viernes, 22 de mayo de 2009

Censura en "El Colombiano"

Sobre la salida de Javier Darío Restrepo
de ‘El Colombiano’
"Ayer (mayo 14 de 2009) en su columna semanal el periodista Javier Darío Restrepo anunció su salida del diario ‘El Colombiano’, de Medellín. Después de 17 años de escribir para ese medio de comunicación, la dirección le notificó la decisión argumentando que se trataba de una reorganización en las páginas de opinión. Para el periodista, esto se debe a que su ''visión de los hechos políticos'' no coincide con la del periódico.

La FLIP consultó a Restrepo, quien manifestó que desde hacía un tiempo venía haciendo críticas a la gestión del gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez y expresando su preocupación por la concentración de poder que implicaría una segunda reelección. Esta posición fue recogida en su penúltima columna, ‘Libertad de discrepar’: ''Hizo falta proclamar que discrepar de un gobierno no convierte a una persona en terrorista, ni en cómplice de las FARC, ni en enemigo del presidente o de sus fervientes seguidores'', afirmó haciendo alusión a las celebraciones del Día Mundial de la Libertad de Prensa.

En conversación con Radio Nacional de Colombia, Felipe Jaramillo, jefe de la página de Opinión de ‘El Colombiano’, afirmó que la salida de Javier Darío Restrepo se debió a un proceso normal de renovación de los columnistas de opinión que se viene dando desde hace tres años: ''Hace dos años cambiamos 27 columnistas; el año pasado, 21, y éste, doce''. Añadió que el periódico preserva todas las tendencias políticas, aun aquellas que están en desacuerdo con el gobierno.

Javier Darío Restrepo es autor de libros de periodismo y ética periodística; maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano; miembro de Medios para la Paz, y fundador e integrante del consejo directivo de la FLIP.
* * *
La Fundación para la Libertad de Prensa reconoce y defiende la autonomía que tienen los medios de comunicación de seleccionar o despedir periodistas, columnistas o colaboradores, en los términos que lo contempla la ley. Este derecho está igualmente protegido por la libertad de expresión y el derecho a la información. No obstante, manifiesta su preocupación por el hecho de que estas decisiones puedan tener como propósito silenciar perspectivas críticas, diferentes o en contravía de la opinión mayoritaria. En la coyuntura actual de polarización y radicalismos, la democracia colombiana requiere más – y no menos – voces reflexivas como la del maestro Javier Darío Restrepo".

El nuevo Pallomari

Son demasiados "hechos aislados" como para creer que ocurrieron al azar. El capitán Lagos tiene claves para armar el rompecabezas.

Por DANIEL CORONEL, Revista Semana

La justicia colombiana y la comunidad internacional deben velar por la protección del ex jefe de Contrainteligencia del DAS, capitán Jorge Alberto Lagos, quien ha empezado a destapar el alcance de la guerra sucia adelantada desde esa entidad contra la Corte Suprema de Justicia, líderes de la oposición y periodistas.

Lagos y su familia son blancos obvios de quienes buscan ocultar el uso criminal y político que miembros del gobierno le han dado a las herramientas de inteligencia del Estado.Esta semana, Noticias RCN reveló que el capitán Lagos señaló ante la Fiscalía la identidad de algunos de los directos receptores de la información obtenida ilegalmente. Según su versión, él mismo le entregó reportes detallados de seguimientos al entonces consejero presidencial José Obdulio Gaviria; al secretario general de la Presidencia, Bernardo Moreno, y a otros dos asesores del Jefe de Estado.Unas horas antes de la revelación -en una impecable entrevista conducida por Vicky Dávila- la ex directora del DAS, María del Pilar Hurtado, admitió por primera vez que las investigaciones, sin orden judicial, a magistrados de la Corte Suprema nacieron de una inquietud del Presidente de la República.

Los eslabones inicial y final de la cadena están a la vista: los seguimientos ilegales surgieron de una preocupación del Presidente, y los informes -algunos de los cuales ignoraba la propia directora del DAS- fueron entregados a altos asesores del mandatario.Pero ahí no paran las coincidencias. Dentro del mismo plan, José Obdulio Gaviria filtró a medios de comunicación una fotografía en la que supuestamente aparecía el cuestionado empresario Ascencio Reyes en la posesión del fiscal Mario Iguarán. La conjura resultó deslucida porque el hombre que salía en la foto no era Reyes.

Las filtraciones eran parciales y sesgadas. Mientras trataban de poner en la picota a magistrados incómodos para el gobierno, soslayaban la información comprometedora de otros miembros de la rama judicial, considerados aliados incondicionales del Ejecutivo. Cuando todo esto se destape conoceremos, por ejemplo, las relaciones financieras entre Reyes y un tristemente célebre miembro del Consejo Superior de la Judicatura.Embriagados por el exceso de poder, altos funcionarios de la Presidencia se aliaron con la mafia para desprestigiar a la Corte Suprema de Justicia y a sus contradictores. Un resultado de esta asociación es la carta al Presidente de alias 'Tasmania' con la que el gobierno intentó desacreditar la investigación de la para-política.

'Tasmania' aclaró después que todo era un montaje contra el magistrado auxiliar Iván Velásquez. Detrás del plan estaban, según él, el abogado de alias el 'Tuso', el ex senador Mario Uribe y Santiago Uribe, el hermano del Presidente. La carta fue recogida por Martha Leal, alta funcionaria del DAS, por orden que Bernardo Moreno le diera a María del Pilar Hurtado.Otro tanto sucedió con las falsas retractaciones del hoy asesinado Francisco Villalba. La carta en la que retiraba señalamientos al Presidente por la masacre de El Aro resultó escrita por Chucho Sarria, el viudo de la 'Monita retrechera'. Mientras estuvo en la cárcel, Sarria tuvo contacto con el secretario jurídico de la Presidencia, Edmundo del Castillo, a través de una voluntaria llamada María Victoria Millán, compañera de grupo de oración del doctor Del Castillo. Y eso sin hablar de la reunión con 'Job', de la cual pronto se conocerán nuevos y reveladores antecedentes.Son demasiados "hechos aislados" como para creer que ocurrieron por azar. El capitán Lagos tiene claves para empezar a armar el rompecabezas.

P.D.: Después de 17 años desaparece de El Colombiano la columna de Javier Darío Restrepo. La vida y el trabajo de Javier Darío son el mejor ejemplo del buen periodismo. Sus opiniones, siempre lúcidas, han sido una guía constante en medio de las tinieblas del unanimismo.

Tomado de Revista Semana, mayo 21 de 2009.

viernes, 15 de mayo de 2009

El cuarto poder y sus malos precedentes


¿Qué leen los colombianos, espectadores y protagonistas de un país con el lastre histórico de una incorregible tradición de no lectura, fenómeno debido en gran medida al subdesarrollo ancestral, acentuado a su vez por factores como las deficiencias del modelo educativo y paradójicamente agravado por la misma revolución tecnológica, así como por la precariedad en los criterios y contenidos que en general ofrecen los medios de comunicación?

En el fragor de este convulso escenario cultural, social y político particularmente saturado de incógnitas y desafíos —según puede verse a la nación en su mayor encrucijada existencial— habrá que preguntarse entonces: ¿Qué tanto saben, qué esperan, que proyectan y qué piensan sobre sí mismos, sobre el país y sobre el devenir del mismo, y en particular las generaciones llamadas a protagonizarlo, a determinarlo y a conducirlo?

¿Hay una conciencia ética sobre hasta dónde son responsables los medios de comunicación —por algo reconocidos como el cuarto poder— del devenir histórico de un país? Por lo pronto, y aún sin tener que recurrir a los eruditos, ni consultar densos expedientes bibliográficos, ni siquiera a hacer un simple clic en la internet, sólo la experiencia y la Historia demuestran con creces cómo y cuánto el rol de los medios es una determinante histórica en la suerte de los pueblos.

El concepto sobre el cuarto poder fue acuñado por Edmund Burke (1729-1797), dando con ello una prueba casi profética de perspicacia política, ya que en su tiempo la prensa no había logrado —ni siquiera en Inglaterra— el extraordinario alcance que obtendría más tarde en todos los países libres.

Desde entonces, el cuarto poder designaba a la prensa, en alusión a la extraordinaria influencia que ésta ejercía en los años previos a la Revolución Francesa, concepto hoy aún mucho más fortalecido con el advenimiento de los todavía más poderosos medios de comunicación: la TV, el cable, la radio, internet, etc. De hecho, entre los agentes que mayormente influyen sobre la opinión son estos los más poderosos de todos, toda vez que dan o imponen su propio enfoque y criterio —errado o no — sobre la realidad y sobre el acontecer. Nada ni nadie como la prensa puede hacernos creer que es cierto, objetivo y correcto lo que informa.

Uno de los más protuberantes botones de muestra acerca de la perversa y nociva influencia que puede ejercer un medio de comunicación sobre el pensar, el sentir y el proceder colectivo se deriva de ciertos contenidos de opinión que ofrece la gran mayoría de ellos, entre los cuales —para efectos de darle alguna connotación al fenómeno— hemos escogido a uno de carácter impreso y sobre todo por su ascendencia y creciente circulación: el matutino gratuito ADN.

Tomado al azar el caso, he aquí cómo aquella gratuidad tiene su precio: Es flagrante el asunto de comunicadoras como Paola Villamarín, quien, a deducir por lo expuesto en sus columnas, no conoce rubor distinto del cosmético, según osa manifestar de modo tan descarnado y rampante buena parte de sus intimidades ante un público lector inerme, es decir, sin voz ni voto. Por cierto, una de las principales fortalezas —si no la mayor— de este joven rotativo se concentra en el enorme ingenio de Alejandro Rivas, el crucigramista, cuya propuesta, en cambio, sí constituye todo un reto a la imaginación y a la inteligencia, y de paso un loable aporte a la cultura a través del entretenimiento.

¿Qué especial interés a ras de opinión pública puede suscitar, por ejemplo, el hecho de que la columnista de Montería ande "buscando apartamento", como ha sido el tema central de una de sus recurrentes exposiciones personales? ¿Qué trascendencia —y de qué orden— pueden tener para el país pensante o trivial, las particulares veleidades que pueda afrontar o no la periodista en el contexto afectivo o familiar? Cosa bien distinta y pertinente son, verbi gratia, los avatares de la vida privada de los famosos, que son la esencia natural, el sentido y el objeto social y comercial del periodismo rosa. Ahora, ¿cuánta preponderancia hermenéutica, literaria, existencial, metafísica o cinematográfica puede resultar de su relato sobre la presencia de heces de pájaro en su domicilio, descubiertas cuando la columnista retornaba de vacaciones de tal o cuál lugar?

Incluso, muy al margen del periodismo, esta suerte de cosas eminentemente privadas que trascienden hacia el ámbito público implica enojosas situaciones en la vida cotidiana. Es el caso del común de los ciudadanos cuando residen en ciertos tipos de vivienda, lo cual suele conminarlos a tener que escuchar —patio, pared o techo de por medio— las bochornosas escenas del matrimonio vecino en conflicto, cuando no los gemidos y el crujir de los resortes del tálamo nupcial durante los tórridos reencuentros amorosos de la pareja en cuestión. De igual manera, ¿no es el estrépito que produce la descarga del sanitario ajeno una invasión al espacio propio? En el mismo sentido, ¿no es una imposición tener a la vista el tamaño, color y estado de la ropa interior colgada en la cuerda de un tan desidioso e implacable vecino?

Con fundadas razones, los dardos que por azar puedan estar cayendo hoy sobre el estilo de Paola Villamarín, mañana podrán llover sobre otra(o) exponente de esta expresión del periodismo. Esto ocurre cuando, para bien o para mal, se es una persona pública, y por lo tanto, cuando su imagen y su mensaje son, en consecuencia, del pleno dominio público.

Con el malhadado género de llevar a instancias públicas aquellos asuntos que deberían ser del fuero y de la absoluta reserva personal, la peor secuela y escuela no es sólo la irremediable banalización del periodismo, sino de una sociedad con uno de los más altos déficits de lectura en el planeta, y por lo tanto carente de los parámetros básicos de criterio y de juicio, indicadores de su propio subdesarrollo cultural, político y social. Es este, pues, un nefasto precedente en detrimento de las nuevas generaciones periodísticas, tan necesitadas de una verdadera capacitación, de una conciencia ética y mística, y hasta de una educación en modales y preceptos de estética, y además para que aprendan a diferenciar entre el buen y el mal gusto.

Por lo mismo, resulta imperativo cuestionar: ¿Qué rigor y credibilidad pueden derivarse de estas posturas y enfoques cuando la misma periodista tenga que asumir el manejo de un hecho en verdad relevante? ¿Con qué argumentos podrá enfrentar una circunstancia digna de poner a prueba su aptitud profesional? Porque, resulta evidente que la comunicadora —perteneciente a una especie bastante extendida en los medios— está moldeando su perfil como tal, y que a ese ritmo está inexorablemente encasillándose como ícono de lo superfluo, de lo banal, de lo vacuo, que es lo gratuito y lo común. Tanto para su caso como para el de muchos de sus colegas y compañeros de generación, no se requiere de mayor nivel de escolaridad y mucho menos aún de cinco años en la academia, con su respectivo postgrado. "Pasó por la universidad", suelen decir las señoras absortas ante casos como el presente, "pero la universidad no le entró".

Sin duda, el aspecto más sensible y más preocupante de la ausencia de sindéresis en los criterios y en los contenidos, con la consecuente la relajación desmesurada de las costumbres, por parte de un amplio sector de periodistas y de medios, está en irreversible efecto social que generan, cual es la cultura de la frivolización, de la superficialidad y de la desinformación a través de la promoción de los antivalores. "Dime qué lees y te diré quién eres", puede ser la nueva versión del viejo aforismo.

Mejor no puede sintetizar esta idea el aviso publicitario de "El Espectador" que encabeza esta entrada: "La fuerza de lo que dices a diario está en lo que lees a diario".

martes, 12 de mayo de 2009


Por qué NO a la reelección

El país se está deslizando gradualmente hacia una reforma constitucional que tendrá serias implicaciones institucionales: la segunda reelección del presidente Álvaro Uribe. En los próximos días, la Comisión de Conciliación del Senado y la Cámara llegará a un acuerdo sobre la modificación del texto original del referendo y con esto quedará el camino abierto para un tercer período del actual Presidente. Que esto sea casi un hecho cumplido nos obliga a analizar las consecuencias que tendrá esta medida.

La segunda reelección es mucho más grave que la primera. La anterior, a pesar de la controversia que suscitó, tenía cierta justificación política e institucional. Por un lado, se estaban obteniendo grandes avances en la guerra contra la subversión que ameritaban continuidad. Por otro, existía un consenso de que un período único de cuatro años era un plazo demasiado corto para culminar una obra de gobierno. Esta combinación de factores, jalonados por la popularidad de Álvaro Uribe, hizo posible que se rompiera el tabú que había existido en Colombia durante el siglo XX sobre los peligros de la reelección inmediata.

Una vez aprobada la reforma, Colombia quedó con un período presidencial de cuatro años con la posibilidad de una reelección para cuatro años adicionales. Esta fórmula, con sus virtudes y sus defectos, parece haber sido aceptada por el grueso de la opinión pública como un resultado de la evolución política del país, que lo deja a la par de algunas democracias anglosajonas.

La segunda reelección no tendrá ninguna de estas características. Las victorias militares contra la guerrilla se han venido consolidando y el gobierno de Álvaro Uribe no sólo llevó al conflicto armado a un punto de quiebre, sino que sentó las bases para que el proceso pueda llegar a una culminación en los próximos años. En contra de las visiones apocalípticas, varios de los aspirantes a reemplazar a Uribe tienen el talante y la capacidad para llevar a cabo esa misión. Y los que creen en fórmulas diferentes de ponerle un fin a la guerra se las presentarán al electorado para que sea este al que decida.

Así como había un consenso de que un gobierno de cuatro años era demasiado corto, también hay uno de que un período de 12 años es demasiado largo. El sistema de pesos y contrapesos para evitar arbitrariedades por parte de los mandatarios se constituyó en Colombia con base en un periodo presidencial de cuatro años. En el gobierno de la seguridad democrática esa estantería institucional se vino abajo y en la actualidad en el país sólo hay un poder: el ejecutivo. Un tercer gobierno consecutivo de Uribe sólo agravará el problema de la erosión que ha sufrido en estos siete años la separación de poderes, que es uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia.

Los argumentos que se esgrimen a favor de la segunda reelección del Presidente son básicamente tres. 1) Que su candidatura es indispensable para mantener la gobernabilidad política del país y culminar su obra, porque, de lo contrario, se le desalinean sus tropas. 2) Que un tercer período es necesario para evitar que sus enemigos lo lleven ante algún tribunal nacional o internacional de justicia por supuestas violaciones de los derechos humanos, como le sucedió a Fujimori, 3) Que quiere ganar el referendo no para lanzarse a la reelección, sino para demostrarles a sus enemigos que fue por voluntad propia, y no de ellos, que no presentó su nombre.

Los tres argumentos carecen de validez. El de la gobernabilidad porque precisamente la razón por la cual está prácticamente paralizada la agenda legislativa y hay una incertidumbre política en el país es por la obsesión con el tema de la reelección. Por otra parte, tampoco habría mucha gobernabilidad en un tercer período de Uribe, pues el número de callos que ha pisado y de peleas que ha casado harían que desde el 7 de agosto de 2010 el país estuviera intensamente polarizado.

El segundo argumento, el de evitar los tribunales de justicia, tampoco tiene mucho fundamento. Advirtiendo que los dos casos no son comparables, basta decir que casi todos los observadores políticos coinciden en que Fujimori no estaría en la cárcel en la actualidad si no hubiera buscado su segunda reelección. La imagen de autócrata y la concentración de poder que produjo ese tercer período fueron parte clave de los elementos que desembocaron en su caída. Además, si bien durante el gobierno de Álvaro Uribe han tenido lugar excesos y aberraciones en materia de derechos humanos, no se le pueden atribuir en forma directa al Presidente de la República.

El último argumento es el más absurdo. La teoría detrás de este es que el Presidente quiere ganar el referendo no para presentarse después a la reelección, sino como un acto de vanidad política. De ser verdad esto, sería una irresponsabilidad histórica haber paralizado el país durante dos años para concentrar todas las energías nacionales en un referendo cuyo único propósito sería el de sacarse un clavo con sus adversarios.

Descartados los anteriores argumentos, el único factor razonable para justificar el tercer período es la popularidad del Presidente. Esta es innegable y probablemente merecida. Pero en los países políticamente desarrollados no se reforman las Constituciones en materia electoral por los resultados de las encuestas, y menos aun cuando el beneficiario de la reforma es el presidente de turno. Álvaro Uribe probablemente tiene como justificación el hecho de que sus homólogos contemporáneos, como Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales, están reformando sus respectivas Constituciones para durar más de una década en el poder. Pero estos son experimentos caudillistas inspirados en supuestas revoluciones socialistas o bolivarianas que no son precisamente ejemplos a seguir. Distinto al ejemplo de Lula quien, a pesar de su popularidad, ha dicho que no quiere cambiar las reglas del juego para perpetuarse en el poder.

La clase dirigente colombiana siempre se ha preciado de su tradición democrática y de no haber transitado el camino del populismo ni del caudillismo que recorrió América Latina durante el siglo pasado. En el país hay un establecimiento que defiende con convicción sus instituciones. Este ha sido en su gran mayoría uribista y considera que la obra de gobierno de los últimos ocho años ha transformado el país. El presidente Uribe desvirtuó el axioma de que ni el Ejército podía derrotar militarmente a la guerrilla, ni la guerrilla al Ejército. Hoy existe la percepción general de que el Estado está ganando la guerra.

Ese establecimiento uribista reconoce la dimensión histórica de este logro, pero en su gran mayoría considera que un tercer período presidencial es inconveniente. Todos los intelectuales y prácticamente todos los líderes de opinión están en contra; muchos empresarios que antes eran furibistas, ahora son tibios; La Iglesia Católica, por su parte, se ha pronunciado negativamente; el gobierno de Obama ha expresado abiertamente sus reservas. Y esto para no mencionar la oposición de la esposa del Presidente y de sus hijos.

Lo anterior no significa que el Presidente no cuente con apoyo popular. El respaldo del pueblo le permitiría probablemente un triunfo, pero difícilmente ya en primera vuelta. Las encuestas de Invamer Gallup demuestran que la imagen del Presidente ha perdido 17 puntos desde la Operación Jaque. Otros sondeos indican que mayorías electorales que bordeaban el 60 por ciento ahora están por debajo del 50. Con la recesión y el aumento del desempleo que se prevé para el final de este año es probable que esta cifra pueda disminuir aun más.

No deja de sorprender que el Presidente se le mida a una segunda reelección en esas circunstancias Para comenzar, el referendo desde su inicio tiene problemas de legitimidad. Enfrentará obstáculos en la Comisión de Conciliación, en el Consejo Nacional Electoral, en la Corte Constitucional y en las urnas. A esto se suma una serie de pequeñeces promovidas por el gobierno que para sus críticos son trucos de la aplanadora oficial para asegurar la reelección. En esta categoría están el intento fallido de cambiar el Registrador; la modificación de los textos de los referendos y la estrategia de unirlos en una sola fecha para que la gente salga a votar. No está probado que la razón de esas iniciativas sea la reelección del Presidente, pero un halo de preocupante sospecha ronda sus verdaderas intenciones.

Hacer malabarismos para perpetuarse en el poder es algo ajeno al talante del país y al del propio Presidente. Llama la atención que una persona de la dignidad, la inteligencia y la envergadura política de Álvaro Uribe se embarque en peligrosas aventuras caudillistas de esa naturaleza. La mayor prueba de que el tercer período de Uribe sería una reforma estrictamente personalista es que no existe un solo jurista o dirigente político en el país que no tenga la absoluta seguridad de que tan pronto el actual Presidente se retire del poder después de 12 años, se presentaría una contrarreforma para corregir ese exabrupto constitucional.

El argumento del Presidente para prolongar su mandato es que se necesita garantizar la continuidad de sus políticas para culminar su obra. Esto puede ser verdad, pero este gobierno al fin y al cabo no llega a su fin la semana entrante, sino el 7 de agosto del año 2010. Eso significa que faltan casi 16 meses. En ese plazo se pueden hacer muchas cosas.

Es evidente que la obsesión del presidente Álvaro Uribe es sacar adelante el país y evitar lo que él considera una hecatombe. Pero está olvidando que lo que saca realmente adelante a las naciones no son ni el ímpetu ni la buena voluntad de sus líderes, sino la fortaleza de sus instituciones.

Revista Semana, mayo 11 de 2009 - La caricatura es de Vladdo en Semana.

miércoles, 29 de abril de 2009

El ataque a Álvarez Gardeazábal

La libertad de prensa, el derecho a investigar e informar sin cortapisas ni presiones oficiales de ningún tipo, cualquiera sea la verdad que el periodista descubre y decide divulgar, nuevamente se ve asediada por la intimidación de los violentos.

Lo ocurrido el jueves de la semana pasada (abril 23 de 2009) en el municipio de Tuluá, departamento del Valle del Cauca, con el escritor y comentarista radial Gustavo Álvarez Gardeazábal, no puede más que provocar repudio e indignación. Y dudas, dada la presencia, según se ha dicho coincidencial, de miembros del Ejército en inmediaciones de la casa de Álvarez Gardeazábal justo en el momento en que seis hombres y una mujer irrumpieron por la fuerza, amenazaron con secuestrarlo y hurtaron tres computadores.

Tan pronto se conoció, a través de una cámara de seguridad revelada por la Dijín de la Policía, sobre la presencia de la camioneta del Ejército, el presidente Álvaro Uribe exigió explicaciones e hizo énfasis en que su gobierno está comprometido con la seguridad y “con los valores democráticos, que son inseparables”. El jefe de Inteligencia del Ejército en el Valle del Cauca, capitán Leonel Suescún, aseguró que la institución castrense no tiene ninguna responsabilidad en los hechos y que el vehículo detectado cumplía con una labor humanitaria: trasladar a un discapacitado a la Notaría Tercera, ubicada a 80 metros de la vivienda asaltada. El encargado de la camioneta, el sargento Hersaín Castillo, señaló que estamos ante “un acto de buena fe”. Gardeazábal, en tono de preocupación y no sin razón, calificó de “ridículas” y “precarias” las explicaciones y en entrevista para El Radar de Caracol Televisión hizo énfasis en que Policía y Ejército se contradicen en sus versiones.

A la espera de que las investigaciones avancen y se aclare por qué hombres del Ejército ocupan su tiempo y equipos en darles auxilio a los civiles en materias completamente ajenas a su función de proveedores de la seguridad —si a eso vamos, sería más sensato que fuese la Policía, y no el Ejército, la que le ayudase al campesino y su familia— y de que se defina sin lugar a dudas si existe alguna conducta impropia de parte de las fuerzas del orden, el lamentable episodio sigue siendo un ejemplo de intolerancia hacia quienes tienen por profesión la denuncia.

El controvertido escritor de más de un clásico de la literatura de la violencia de los años cincuenta se ha caracterizado por hablar sin temores ni eufemismos. En el último tiempo, en su labor periodística como comentador del programa La Luciérnaga, de Caracol Radio, se ha destacado por la preparación de sus intervenciones, en las que en más de una ocasión ha hecho explícitas las aparentes diferencias entre la Policía y el Ejército en su departamento. Por eso el ataque tiene todos los visos de ser un intento de los violentos para acallarlo. Que, entre otras, se suma al asesinato del periodista José Everardo Aguilar en El Bordo, Cauca, según todo lo indica en represalia por sus denuncias de corrupción administrativa en su programa de la cadena Súper.

Hace bien el Gobierno Nacional en declarar que las autoridades competentes se encargarán de la situación, pero razón tiene Álvarez Gardeazábal en manifestar su preocupación ante el ofrecimiento presidencial de una custodia especial de la que no dispuso anteriormente, pese a que ejerció como alcalde de Tuluá y gobernador del Valle. Mientras persistan las dudas, será válido preguntarse: ¿Se le protege o se le vigila?

Editorial de "El Espectador" de Bogotá, abril 28 de 2009.

CPB: Aunque la mazorca se desgrane...

Bastante coloquial podrá parecer esta analogía gráfica con el Círculo de Periodistas de Bogotá en materia de socios que permanecen o se marchan del CPB. Por supuesto, los granos aún en la mazorca simbolizan la suma de socios necesarios en las asambleas al momento de tomar determinaciones conducentes mucho más que a la propia supervivencia: a la estabilidad y al verdadero auge del organismo periodístico con mayor tradición en el país.

Según mis fuentes —¡no soy socia, y por ahora me resigno a ver los toros desde la barrera!— fue gracias a las gestiones de la junta directiva, mediante una fuerte ofensiva de comunicaciones y recordatorios para convocar a sus socios a la Asamblea Extraordinaria de Socios el pasado 25 de abril, como se logró reunir el quórum para deliberar y para contrarrestar el fenómeno del ausentismo que venía frustrando las convocatorias anteriores. Así, con empeño, ¡claro que se puede!

Aparte de otras deserciones que han venido ocurriendo, saltan a la vista ausencias no explicadas de socios que en el pasado ejercieron un rol y asumieron un compromiso en la junta, tales como los periodistas Raúl Gutiérrez y Amílkar Hernández, por una parte, y como Jorge Sánchez, quien, por razones de carácter estatutario que lo inhabilitaban, había renunciado a la dirección ejecutiva del CPB semanas atrás. Entre muchos otros, caso similar corresponde a la socia Nora Parra, cuyo aporte pudiera ser significativo, pero que aparte de sus cuestionamientos a la tarea de la actual junta, nunca ha formulado iniciativa que amplíe las expectativas de los socios en la suerte de la agremiación. Es así como ninguno de los anteriores ni siquiera se hizo representar, lo cual, por supuesto, no da lugar a mayores comentarios.

En el mismo sentido, otro hecho digno de olvidar fue la infortunada reaparición —después de muchas asambleas frustradas por el flagelo del ausentismo— del socio Hugo Sierra, cuya intervención estuvo orientada a desconocer le legitimidad de la figura de la delegación que hacen aquellos colegas que no pueden asistir y que se hacen representar por quienes sí pueden hacerlo, lo cual está claramente consagrado en los estatutos.

El propio Sierra argumentó que sus reiteradas ausencias constituían "una manera de protestar" contra la junta en ejercicio, y que en consecuencia se abstendría de ejercer el derecho a votar. En una actitud que describe al pie de la letra su ningún espíritu gremial, pero también —y para decirlo sin eufemismos— su manifiesta falta de carácter, el citado socio abandonó el recinto. Y como lo evidente no requiere demostraciones, cuando fue llamado a votar, el informe de tesorería reveló cómo Sierra se halla en larga mora con el pago de las cuotas trimestrales.

Por suerte, la asamblea deliberó dentro del marco de la convivencia general, adelantó parte de la reforma estatutaria y consiguió elegir a quienes ocuparán los cargos vacantes. Tras comprometerse con la causa, son ellos Wilson Acero, Carlos Piñeros y Ricardo Peláez. Al mismo tiempo, por unanimidad fue elegido fiscal el socio Mike Forero Nougués.

Sobre todo en coyunturas como la actual, enseña la experiencia que la calidad debe prevalecer siempre sobre la cantidad. Porque a partir de unos pocos granos fértiles es posible que el CPB pueda recuperarse y seguir adelante en sus propósitos. ¡Aunque la mazorca siga desgranándose!

viernes, 3 de abril de 2009

De la etiqueta real a la simple urbanidad...

Como se sabe, océanos de tinta por parte de la prensa y revuelo entre los súbditos británicos provocó el abrazo del presidente norteamericano, Barack Obama, a la Reina Isabel II en el Palacio de Buckingham en la antesala de la Cumbre de Países del G-20, celebrada en Londres el 1º y 2 de abril. Por supuesto, la ingenuidad, la calidez o la espontaneidad del mandatario echaron por tierra el protocolo monárquico, en un país donde la tradición y la familia reales son parte del patrimonio nacional.

Desde luego sin llegar a semejantes niveles de ortodoxia, sí resulta evidente que con la modernidad se ha minimizado la importancia de los manuales de comportamiento social básico. Por ello, la motivación de estas líneas se origina en los dos sombreros alones que orondamente se exhibieron el sábado 28 de marzo en la asamblea del Círculo de Periodistas de Bogotá. En verdad, no se trata de tener a la más antigua agremiación periodìstica del país como tema recurrente de este blog. ¡Ni más faltaba! Simplemente, se me dio la oportunidad. ¡Y aquí estoy para comentarla!

No obstante la evolución de las costumbres, y al menos en Occidente, los códigos de urbanidad y de elemental cortesía consagran que el sombrero en las cabezas masculinas deberá retirarse al ingreso a un recinto, aún así no se trate de un evento de campanillas, donde prevalezcan el protocolo y la gran etiqueta. Y así, por mucho que el imperio de la informalidad haya exendido sus tentáculos, de todas maneras la observancia de este precepto es señal de consideración y respeto hacia los demás.

Con ese mismo respeto que merecen sus protagonistas, es preciso señalar que dos de los socios, además veteranos, acudieron a la cita sin haber tenido en cuenta la norma social de descubrirse la cabeza en este tipo de ocasiones. ¡Como si nada! Por cierto, uno de ellos —lo cual, sin duda, pertenece al fuero eminentemente personal— se apareció ataviado con la pinta de Juan Valdez. En verdad, aquí no se trataba de un encuentro de caballistas, ni de un Consejo Comunitario de la Presidencia, ni tampoco de una frijolada en la Casa de Nariño, sino de la Asamblea del Círculo de Periodistas de Bogotá.

A riesgo de ir al patíbulo por cargos de cotillera o de frívola, y aunque parezcan sutilezas, creo que aquí no solamente los sombreros puestos dejan mucho que desear. Es así como también se ha visto a algunos socios —¡sí, por suerte sólo algunos!— asistir a las asambleas en una informalidad rayana con la moda imperante en una caminata del profesor Gustavo Moncayo, y que comienza con los zapatos tenis y generalmente se completa con sudadera y gorra.

Según mis fuentes, apenas un botón de muestra de lo anterior está en que a finales del año pasado uno de los socios del CPB concurrió no sólo en flamante sudadera Adidas "made in Malaysia", sino exhibiendo su par de raquetas al hombro. Quizá, a su modo, fue esta la ocasión única y feliz para que sus colegas intuyeran que aquel caballero juega tenis en Colsubsidio. Al menos en rigor de la asamblea, aquí cabe preguntar: ¿Y acaso no podía dejar aquellos implementos en su 4x4 ranchera? En fin, el estilo es el hombre. O como dijo Alberto Casas: "!Caray!, qué pisco ese tan frondio. ¡Ojalá no le dé la chiripiorca por practicar el motocross!".

A proposito de aquel atuendo, y después de ver desfilar a los atletas colombianos en cada ceremonia olímpica —donde las naciones se esmeran por vestir sus mejores galas— despechado el periodista, escritor e investigador Germán Castro Caycedo ha llegado a la triste conclusión sobre cómo la sudadera es en verdad el auténtico traje nacional, el que identifica al país.

Por si las dudas, un reciente comentario del diario ABC de Madrid lo confirma cuando dice: "Una sudadera en el Aeropuerto de Barajas es indefectiblemente colombiana, lo cual constituye un efectivo referente para la policía española cuando se trata de operativos para pescar indocumentados o para combatir el delito"

De vuelta al caso de la última asamblea del CPB, según mis fuentes, hubo algo todavía mucho más aburrido que los sombreros insolentes, cual fue la consigna —y ésta sí bien desobligante— de "¡estúpida!", que una socia de cuyo nombre no quiero acordarme, bastante mayor y además bastante intensa, profirió sin motivo explicable contra la Presidenta del Círculo, lo cual no riñe con la etiqueta sino con la convivencia y con los buenos modales y maneras.

Por lo pronto, he encontrado interesantes y hasta entretenidas algunas consideraciones de la vieja, empolvada y no menos controvertida Urbanidad de Carreño, que en la era de la tecnología puede leerse en Internet, no obstante haber perdido vigencia para legislar sobre fenómenos sociales modernos tan arraigados como la sudadera, el celular, las 4x4, la lobería y la chicanería.

Tomadas de la web, las líneas que siguen se refieren a ciertas conductas que antes sonrojaban, y que hoy son comunes, paradójicamamente cuando proliferan las asesorías de imagen y las escuelas de glamour, etiqueta y modelaje:

La Urbanidad de Carreño (I)

Hoy en día, cuando se pautan inéditas normas de urbanidad —urbs, urbe— o reglas para la convivencia en la ciudad, que cambian y se adecuan a la velocidad con que vivimos, el "Manual de Urbanidad y buenas maneras" de Manuel Antonio Carreño quizá sea para muchos un libro pasado de moda, una reliquia de la antigüedad.

Como en los tiempos modernos la comunicación electrónica han ido forjando sus patrones de interacción, es así como en Internet existe lo que se denomina nettiqueta, una guía que esboza la manera de proceder en la red en donde, por ejemplo, escribir todo en mayúsculas se traduce como un "gritar" al interlocutor.

Hay además comportamientos no reglamentados, pero que la lógica del trato social actual señalan, como el mantener apagado el celular durante una conferencia o un concierto.

¿Estará ciertamente esta obra tan "pasada de moda" como algunos opinan? Juzgue el lector. Hábitos que son de mal gusto:

—Chuparse o morderse un mechón de pelo.
—Morderse las uñas o cutículas.
—Sentarse, especialmente las damas, con las piernas separadas, cruzadas o torcidas, " de una manera poco convencional".
—Masticar chicle mientras habla o con la boca abierta.
—Fumar en la calle o hacerlo sin haber pedido permiso a los presentes, especialmente a sabiendas de que el olor a cigarro puede ofender o incomodar a alguien.
—Tener un cigarrillo en los labios mientras habla.
—Hacer que los demás se sientan culpables o incómodos mientras comen algún delicioso postre solamente porque usted debe abstenerse debido a alguna dieta.
—Rascarse o pellizcarse la cara.
—Cometer la indiscreción de hacerle alguna pregunta íntima a alguien en voz alta: "¿Es eso una peluca?".
—Aplicarse maquillaje o peinarse en la mesa de comer.
—Usar rulos en el cabello en público.
—Llevar esmalte de uñas descascarado, uñas partidas o maltratadas o, peor aún, sucias.
—Una línea demasiado dramática y notable que delimite claramente dónde termina el maquillaje y dónde comienza el color natural de la piel.
—Hablar demasiado o en detalle de excentricidades personales: operaciones, enfermedades, neurosis, alergias, accidentes, etc.
—Comer ruidosamente, haciendo gestos exagerados.
—Introducir pedazos de comida demasiado grandes a la boca.
—Entrar a un recinto los caballeros, y... ¡no quitarse el sombrero!

lunes, 30 de marzo de 2009

Suena la piqueta alrededor del CPB

Por mis fuentes de entero crédito he sabido que la reciente asamblea del CPB, convocada para el pasado 28 de marzo, volvió a quedarse ensayada por el síndrome del ausentismo.

Suficiente razón me asiste, por lo tanto, para seguir temiendo porque el destino del Círculo de Periodistas de Bogotá pueda ser una réplica de la suerte que acabó con la existencia de instituciones como el Café El Automático (ver nota anterior en este blog).

Así como muchos de los puntuales contertulios de aquel café dejaron de concurrir, por imponderables naturales, preocupa que proceso similar termine con lo que resta del CPB: Es decir, con su historia, suerte y patrimonio, pero de raíz con el estoicismo y con la mística de unos cuantos que han sido la clave para la supervivencia de la entidad. Porque, si bien los socios más nuevos no manifiestan el mínimo interés por asistir a las deliberaciones, una gran mayoria de los veteranos... ¡tampoco!

La situación es un llamado de alerta cuando los ecos de la piqueta que le abre paso a la fase III de Transmilenio empiezan a escucharse por los lados de la Calle 26, donde está localizada la sede del Círculo. Y sobre todo cuando esta es la hora en que no hay consenso —¡mal podría haberlo con el ausentismo terminal!— sobre el proceso de negociación pendiente con las entidades responsables de respectiva la reforma urbana.
Así las cosas, resulta verdaderamente sobrecogedor imaginar que un día apocalíptico no muy lejano, mientras se llama a lista para la verificación del quórum, aparezca por asalto un funcionario de la firma encargada de la demolición del sector y exija la suspensión de la asamblea, todo porque la pala está lista para asestar el primer macetazo contra el área donde actualmente funcionan la sala de juntas y la Secretaría del CPB.

"¡Qué pena, señores, pero órdenes son órdenes!", alcanzo a presagiar que manda el funcionario inconmovible, mientras abajo en la calle un piquete de obreros apresta ruidosamente sus buldózeres , torres y poleas, al tiempo que a través de megáfonos se conmina a los contados asambleístas a desalojar de inmediato las instalaciones del CPB. En esas, imagino a los asistentes a la reunión proponiendo al unísono —y sin ponerse de acuerdo— las alternativas más disímiles, como las siguientes, de la A a la Z:

a). Modificar el orden del día.
b). Continuar con el llamado a lista.
c). Convocar a otra asamblea extraordinaria.
d). Llamar de urgencia al celular del alcalde Samuel Moreno.
e). Esperar a ver si los hombres de la piqueta son capaces de semejante atrocidad. Algo así como lo que en 1973 hizo el presidente chileno Salvador Allende en la Casa de La Moneda, de donde saldría sin vida.
f). Nombrar una comisión para investigar a los responsables de no haber tomado cartas en el asunto.
g). Constituir una comisión de notables para buscar una sede alternativa, al menos en arriendo.
h). En tal caso, designar una comisión alterna para que estudie la viabilidad de un fiador.
i). Invocar los buenos oficios que desde la Casa de Nariño pueda ofrecer su Secretario de Prensa, César Mauricio Velásquez.
j). Una moción de orden.
k). Una mesa de concertación con delegados del Instituto de Desarrollo Urbano, Planeación Nacional y Distrital, la Procuraduría y de los ministerios de la Protección Social, del Transporte y de Comunicaciones.
l). Convocar a los medios de comunicación para que en solidaridad registren el acontecimiento en vivo.
ll). Escribir al email quetalesto@noticiasuno.com
m).
Orar.
n). Ofrecer resistencia física a la toma, pues algunos insistirán en que Allende murió con las botas puestas.
ñ). Declarar persona no grata al funcionario que exige el desalojo.
o). Defenestrar al intruso.
p). Solicitar la presencia de la Defensoría del Pueblo.
q). Redactar un pronunciamiento ante la opinión pública.
r). Exigir la presencia del Comité Internacional de la Cruz Roja.
s). Aunque nunca hagan presencia, exhortar a los socios más influyentes para que intercedan ante el Gobierno Central: Juan Gossaín, Yamid Amat, Darío Arizmendi y Belisario Betancur.
t). Salir a la calle a marchar.
u). Llamar a la policía antimotines o al 123.
v). Telefonear a Enrique Santos Calderón, presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en su descanso de Anapoima.
w). Convocar a las fuerzas vivas del pais.
x). De cara al Premio de Periodismo 2010, convenir un canje publicitario con Servientrega, para que traslade al menos los archivos del CPB a puerto seguro.
y). Todas las anteriores.
z). Ninguna de las anteriores (¡Dejar así! Como ocurrió con el Café El Automático...).

domingo, 29 de marzo de 2009

Café El Automático: de la leyenda al olvido

¿Quiénes son estos viejitos, catanos, carrizos o cuchos? —o como el lenguaje coloquial de hoy les quiera llamar—, podrá preguntarse el ciudadano del común en estos tiempos. Y muy en particular la nueva generación, parte de la cual quizá tampoco conozca la acepción del vocablo "sepia", característico de la fotografía.

Un viaje a través del archivo nos indicará que el escenario de la foto no es otro que el mítico Café El Automático, de Bogotá, lugar que por muchos años sirvió de encuentro a intelectuales, periodistas, personajes del cine y el teatro, de las artes plasticas, y en general del universo de la bohemia, y cuya referencia histórica sucumbió ante lo inevitable: El cambio de las costumbres y sobre todo la amnesia urbana.

Después de trasladarse cada cuanto de un lugar a otro para esquivar el fantasma de un cierre definitivo, el café terminó por clausurar sus puertas en su más conocida sede última: la Calle 18, abajo de la Carrera Séptima, costado sur, mitad de cuadra.

Con una suerte que podría ser no muy lejana a otras instituciones de viejo cuño y tradición, como, por ejemplo, el Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB), El Automático desapareció por dos razones interrelacionadas: Por el factor económico insostenible y por sustracción de materia, toda vez que los últimos contertulios se fueron muriendo en el olvido, mientras el centro de la ciudad claudicaba a la proliferación de otros escenarios, como los negocios de pandebonos y buñuelos en la puerta, los expendios de comidas rápidas, los puestos de chance, el comercio del rebusque y uno que otro rincón para la rumba.

En cuanto a los abuelos de la foto, que es de antología, se trata de los siguiente personajes: Al fondo, el dueto de Garzón y Collazos. ¡Casi nada! Escuchan: El propietario del sitio, Fernando Jaramillo (en pie, extremo derecho), y los comensales, de izquierda a derecha, el dramaturgo Oswaldo Díaz Díaz y los poetas León De Greiff, Jorge Zalamea y Arturo Camacho Ramirez. ¡Algo así como la Selección Colombia de su género!

A continuación una nota de Pedro Restrepo Peláez, aparecida en el portal de la web "Bogotá Viva", y titulada "El Automático Nostalgia con aroma de café (y aguardiente)":

En el sitio donde antes funcionó un restaurante — establecido por inmigrantes europeos y basado en el en ese entonces novedoso sistema de auto-servicio o automático— apareció el café que llevaba este nombre. Durante varios años estuvo en un local situado en la avenida Jiménez (entre carreras Quinta y Séptima) y su propietario era el paisa Fernando Jaramillo. Más tarde pasó a manos de Enrique Sánchez, también antioqueño, quien trasladó —café y clientela— a uno de los locales del pasaje que comunica el parque Santander con la carrera Quinta.Varios son los cafés bogotanos que tuvieron nombradía por el carácter y el oficio de sus visitantes. Los hubo de intelectuales, de políticos, de ganaderos. Y de estudiantes que repasaban allí sus tareas amparados en la compra de un tinto. O en su donjuanismo con alguna apetitosa mesera. El Windsor, el París, El Pasaje, son recordados por quienes asistieron (en corto tiempo) a la transformación de una Bogotá aldeana en una monstruosa urbe.

Así como los cafés eran en el siglo pasado el centro social de la clase media y el club de la clase alta, las chicherías cumplían el requisito de congregar la bohemia proletaria. Y no era extraño que en dichos antros se colara algún político en trance de candidato al Congreso o el poeta de frondosa melena. Como para que la oratoria y la poesía se dieran la mano. El Automático llenaba un vacío o, mejor, cumplía con el propósito de congregar una diversa clientela, en la cual literatos y poetas podían acompañar su ego con el aguardiente del Estado o con una cerveza de nombre germánico. Y al crítico de compleja teoría estética con el coro de pseudointelectuales comúnmente llamados lagartos.

El Automático tuvo su auge en la época en que ciertas personas de renombre lo frecuentaban. Allí se dieron cita periodistas como Juan Lozano y Lozano, Alberto Galindo, Rubayata, Villar Borda. Y pintores como Ignacio Gómez Jaramillo y Marco Ospina. Los caricaturistas Pepón y Hernán Merino y el escultor Mardoqueo Montaña. Y no pocos fabricantes de versos a quienes se les debía tolerar su inspiración cuando les daba por recitar el último soneto a la amada inmortal, y que el poeta Luis Vidales solía escuchar con desdén de comunista ortodoxo.

Los más asiduos asistentes al Automático eran el maestro León de Greiff y el locutor de radio, Hernando Téllez Blanco. Tanto que una mesera afirmaba que ellos dormían fuera, pero vivían en el café. Otro asiduo concurrente era El Chapetón, Manolo Pendás, delante del cual estaba prohibido hablar (bien o mal) de España, so pena de recibir un violento chaparrón de procacidades y denuestos. A su lado, Elías Hoyos afirmaba su tesis de que La Patria de Manizales era el mejor periódico del país. Y quizás del Continente.

Es obvio que la figura más visible de la tertulia era el maestro León de Greiff, respetado y admirado por todos, y de quien Enrique —el propietario— decía, comentando su desaliño en el atuendo: “El Maestro siempre acompaña su desayuno con dos huevos: uno para comérselo, y el otro para untárselo en la corbata”. Coincidiendo con el traslado de El Automático a su local de la Calle 18 —unos pasos arriba de la Carrera Séptima— no pocos contertulios desaparecieron, por cambio de residencia o por muerte. Y porque Enrique— el dueño y contertulio— fue asesinado de manera atroz y misteriosa en su apartamento de la Avenida Diecinueve.

De todas maneras, del Automático nos quedan no pocas anécdotas, a las cuales contribuyó también el espíritu retozón del popayanejo López Narváez, alias El Toronjo. De tan insólita clientela cabe destacar ciertos asiduos asistentes que recordamos no por su nombre de pila, sino por sus apodos: Periscopio, Carepuño, Torosentao, Cachifo, El Churrusco.
El Automático nos legó así su picaresca historia. La de una tertulia en la cual escépticos intelectuales recibían cálidos elogios de sus aduladores, y hasta de emboladores y vendedores de lotería.

Este tipo de café tiende a desaparecer para convertirse en cafetería. O en bar, en el que se comenta, frente a un whisky, el último escándalo de la cantante pop de moda y el salario, en millones de dólares, de quienes en un estadio, con sus extremidades inferiores, salvan el honor de la Patria

viernes, 27 de marzo de 2009

La libertad de prensa


La libertad de prensa es la existencia de garantías con las que los ciudadanos tengan el derecho de organizarse para la edición de medios de comunicación cuyos contenidos no estén controlados por los poderes del Estado.

Así como en los Estados Unidos este derecho está garantizado por la Primera Enmienda de la Constitución norteamericana, también es evidente que no todos los países tienen garantizada, ya sea por una Carta de Derechos o su constitución, la libertad de la prensa: bien paradójico es el caso, por ejemplo, de Australia.

Una mirada a este respecto en el Continente nos indica que las libertades al ejercicio periodístico están cada vez más amenazadas, sobre todo en países como Cuba, Bolivia, Ecuador, Haití, Nicaragua y Venezuela, donde el poder omnímodo de los gobiernos de turno pretende perpetuarse, lo cual lleva implícito una serie de cortapisas a la libertad de información, de expresiòn y de ser informado.

Aunque en Colombia la Constituciòn de 1991 consagra la libertad de prensa, las experiencias de los vecinos deben movilizar la conciencia de los periodistas en Colombia, donde el ejercicio periodístico debe enfrentar no sólo los desafíos del poder, sino los de la subversión en sus distintos matices y los de la delincuencia organizada.

Visiones contrapuestas

Desde el surgimiento de las economías de intercambio los dos sistemas económicos contrapuestos, tanto el capitalista como el socialista, han tomado como suya la bandera de la libertad de prensa, por lo que han diferido en los criterios de generación y asignación de los medios de comunicación que serían necesarios para su existencia. Estos criterios dependen, en última instancia, de la concepción individualista o colectivista adoptada al respecto de los derechos individuales, de las clases sociales y de la misma noción de "pueblo" que será beneficiario de los mismos.

El psiquiatra y psicoanalista Carlos Norberto Mugrabi afirma: "Somos injustos al olvidar cuánto le llevó a la civilización lograr el derecho a expresarse. Y aún no se ha alcanzado totalmente. Las libertades deben ser cultivadas en conjunto para que surtan el efecto deseado".

Interpretación democrático-liberal

La libertad de prensa aparece como una extensión al derecho sobre la capitalización del trabajo personal, por lo cual todos tienen derecho a poseer una empresa de comunicación a condición de haberla creado y que se sostenga por el propio esfuerzo.

El pueblo como colectividad no representa al pueblo, sino la sociedad civil formada por una pluralidad autónoma de individuos. Considerando a estos como origen de toda voluntad, sólo el derecho de propiedad privada posibilita la representación real de las opiniones particulares.

La democracia se concibe como un mercado apolítico que no colectiviza las elecciones del público como consumidor, y será de éste que dependa la asignación de recursos y por ende el éxito o fracaso de los medios de expresión de los particulares que los desarrollen como inversores de riesgo, lo que incluye la creación de grandes empresas forzosamente reducidas en número.

La prensa no preexiste al capital: es un capital, considerado como producto personal, y debe ser creado sólo con el dinero de quienes deseen convertirse en empresarios periodísticos, de forma que el uso positivo del "derecho negativo" a la libertad de prensa es accesible a cada uno sobre cada propio medio de comunicación o porción accionaria del mismo, siendo su éxito dependiente del mercado de consumidores sin otra responsabilidad que la de afrontar pérdidas por no satisfacer a su respectivo público.

Enfoque democrático-socialista

La libertad de prensa se presenta como parte del derecho a una parte compartida de los bienes comunitarios, por esto todos tienen derecho a ser parte en las empresas de comunicación existentes con independencia de su poder adquisitivo o de haberlas creado.

El pueblo tiene intereses comunes y una voluntad general cohesionada por estos. Considerando a ésta como origen de las ideas, sólo el derecho de propiedad pública posibilita la representación de las opiniones particulares acordes con el pensamiento popular.

La democracia se concibe como un Estado político que colectiviza participativamente las elecciones de la ciudadanía, y es éste el que decide conjuntamente el uso de los recursos comunes para la creación o manutención de medios de comunicación independientemente de su tamaño.

La prensa se planifica aparte de los criterios de beneficio por lo que se deduce del capital de la economía nacional, considerado como producto social, para asegurar el "derecho positivo" a la libertad de prensa para todos los ciudadanos mediante la participación popular unificada en todos los medios de comunicación existentes regulados democráticamente por el Estado.

jueves, 12 de marzo de 2009

El aburrimiento del periodismo de Internet

Sí, ya sabemos que el periodismo como se hacía está en crisis total y que Internet es el futuro que ya llegó, sabemos que el periodismo digital es lo que hay que hacer, pero no se sabe cómo. El periodismo de Internet se ha convertido en el único periodismo que se puede hacer porque la radio, la tele y la prensa imitan a Internet. El resultado: el periodismo actual aburre, nada imagina, poco sirve para la vida cotidiana y está mal escrito.

Las cosas que sabemos del periodismo actual.De tanto oír a los investigadores, a los expertos en realidad, a los periodistas viajeros, a las frases fáciles de mercadeo, uno terminó convencido de ciertas verdades irrefutables sobre el periodismo en los tiempos de Internet. Uno sabe, por ejemplo, que los medios periodísticos habitan una crisis de credibilidad, legitimidad y narración y que por eso la gente prefiere la ficción y el entretenimiento al estar informados.

Uno sabe que cada vez más los medios de información importan menos, que los jóvenes no leen, que las telenovelas duplican en rating a los informativos, que los periódicos descienden en ventas; menos mal que los políticos y gobernantes leen la prensa.Uno sabe que la revolución se llama los medios digitales y las comunidades virtuales y que el periodista, en todas estas, viene sobrando porque se piensa “on line”; se vive en la egoteca de la propia opinión llamada blog y se celebran las nuevas comunidades juntadas por la tecnología a lo Facebook. Uno sabe que hoy no es necesario saber escribir porque todo es conectivo, sólo bastan los fragmentos y los links, ¡y listo: habemus información!

Así, el lenguaje debe ser el de las audiencias, el pensar es el de la gente, los temas son on demand. Si todo esto que uno sabe es cierto, no se necesitan periodistas intérpretes, ni escritores, ni mediadores; se requiere con urgencia periodistas que sepan manejar todas las tecnologías y la convergencia digital.

La paradoja está en que los gurúes concluyen que el asunto para el éxito del periodismo no es nada de lo de mencionado arriba, sino todo lo contrario, eso que viene del viejo periodismo: los contenidos. ¿Será cierto? No, los contenidos no importan. Si el contenido importara, no habría que pensar “on line”, ni trabajar “on demand”, ni saber de todas las tecnologías, ni abusar del “yoísmo”, ni de nada de lo mencionado.

Si el contenido importara habría buenas y únicas historias, cada medio buscaría tener una agenda propia, se intentaría el escurridizo punto de vista diferente para ofrecer nuevos marcos interpretativos, de seguro se le encontraría poesía al mundo de la vida, por supuesto se escribiría con cuidado y emoción y cada periodista dejaría de ser masa para buscar su propio estilo.Pero no, lo que los weblólogos llaman contenido no es contenido.

El contenido no es eso que uno conocía como ideas, reflexiones, historias, personajes, agendas. No, contenidos en los medios digitales son formatos, secciones, comunidades, interactividades, fragmentos. Los contenidos han devenido lo superfluo, los modos de seducir a los perdidos navegadores de la red. El artificio ha triunfado, la nada ha llegado a ser todo el contenido posible. El resultado: un periodismo escrito, audiovisual y radial aburrido. Y un periodismo digital confuso y caótico. La calidad periodística se ha reducido. Se escribe mal, se fotografía peor, se narra perverso, el video ilustra o registra; la responsabilidad ética desaparece; la publicidad intrusiva abunda. Todo se puede, nada se comunica.Las cosas del periodismo del futuro.

Menos mal, ante toda avalancha de moda siempre hay resistencias y cada vez existen más periodistas contestatarios (¡más periodistas que medios!) que no se contentan con esas fórmulas de mercadotecnia digital. Y estos periodistas están avizorando que la cosa es por otro periodismo, uno que usando las tecnologías se parece más al viejo y uno más cercano a la emoción, porque puede narrar bien en diversos formatos. Esos periodistas atrevidos enfatizan que el periodismo es, desde siempre, una máquina de contar historias; que generar punto de vista y criterio para comprender el mundo de la vida es lo que requerimos; que no hay que fragmentar por devoción, sino usar cada dispositivo narrativo (fotos, videos, audios, palabras, diseño) para ganar en historias; que no porque la pantalla tenga más, es mejor.

El periodismo digital y el escrito y el radial y el televisivo y el comunitario debe comprender que el asunto no es de mercadeo, ni de tecnologías, ni de contenidos, sino de narración. El periodismo debe seguir siendo la fuente de la conversación colectiva para la minoría que quiere saber del mundo. Para los demás están las comunidades de mercadeo de la llamados Facebook, MySpace, Hi-Fi, Second Life.

Por Omar Rincón, Docente e investigador de las universidades de los Andes y Javeriana (Colombia). Revista Semana. Julio 23 de 2008.


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Papel del periodismo en la sociedad

Desde sus inicios, el periodismo ha sido parte fundamental de la sociedad y de todo lo que ocurre en ella. Gracias a él es posible saber algo de lo cuanto sucedió en el pasado, a la vez que registra el presente y esboza el futuro.

Sin embargo, es en las últimas décadas donde el periodismo y los medios de comunicación han cobrado una importancia jamás pensada, convirtiéndose en un poder de magnitud similar al de la política y la economía, ello hasta el punto de que estas dos últimas, en algunas ocasiones, se han de plegar a lo que ha sido denominado "el cuarto poder".

Cuando se habla de la sociedad se habla, por extensión, de lo que el periodismo ha producido en ella, pues éste, al registrarla, al reflejarla, termina por dibujar sus contornos y los de los acontecimientos presentes y futuros, pues es debido a la información que el periodismo difunde que la gran mayoría de las personas toma una posición definida frente a los acontecimientos, los grupos y las personas.

Según esto, se hace imprescindible hablar de la ética del periodista; es decir, de su responsabilidad y de los principios con los que se supone que ha de actuar para no afectar negativamente el curso de los acontecimientos que narra; no obstante, esto no siempre ocurre, pues el periodismo se ha ido convirtiendo en una forma aparentemente transparente de escalar posiciones en la sociedad, de manipular situaciones y de alcanzar fines no siempre benéficos para la sociedad, los hombres y el mundo (claro está que lo anterior también depende de las leyes que, en cada país, regulan a los medios de comunicación).

Cabe aclarar que el papel del periodismo ?y por tanto del periodista? en la sociedad, es el de crear conciencia sobre las diferentes situaciones que acontecen en pro de generar una mejor calidad de vida, así como advertir a la sociedad acerca de las posibles consecuencias que ciertas acciones pueden acarrear, a la vez que ha de procurar comunicar todas aquellas acciones que tienden hacia el bien común de las personas y del mundo.

En últimas, el periodismo ha de suministrar, a las personas y al mundo que las contiene, herramientas informativas y cognitivas suficientes para que las relaciones de los hombres con los hombres y las de éstos con el mundo se tornen, cada vez más, en relaciones de fraternidad, hermandad y generosidad.

Tanto el periodismo como los medios de comunicación cumplen un papel fundamental, pues es por intermedio de ellos que conocemos los hechos; de lo que se puede concluir que, puesto que lo que ellos digan, expresen o informen es lo que, al final, conocemos, es evidente que de su veracidad, transparencia y honestidad depende que el mundo que nos muestran sea el verdadero.

Para obtener más información sobre este tema puede consultar las páginas ¿Qué son los medios de comunicación? estructura física y estructura según su carácter , Libertad de prensa y Opinión pública.

Bibliografía
Ortega, Felix y Humanes, María Luisa, Algo más que periodistas. Sociología de una profesión, Ariel, Barcelona, 2000.

miércoles, 11 de marzo de 2009

El Día de San Valentín en el CPB


A efectos de conocer de modo presencial cuanto pudiera estar ocurriendo tras bambalinas en la más antigua, respetada y respetable institución periodística del país, en mi calidad de estudiante de comunicación social, próxima a recibir el título, asistí desde el anonimato a la Asamblea Extraordinaria del Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB), convocada para las 9:00 horas del sábado 14 de febrero último, que por cierto, y aunque resulte irrelevante, era el día de San Valentín.

Rondaba el reloj ya por las 10:00 a.m., cuando, de los más de 150 socios, apenas unos 25 —algo así como... ¡el 17 por ciento!— habían hecho presencia en el recinto. «¡Los mismos de siempre!», se concluiría luego entre la resignación y el despecho propios —según pude advertir— de estar, seguramente como tantas veces en el pasado, ante otra convocatoria fallida por el ausentismo. Tras el llamado a lista, y como parece ser tradicional allí, el resto —unos quince miembros— se encargó de aumentar el suspenso a la impaciente espera, al hacer su aparición prácticamente a cuentagotas.

Así quedaba en evidencia una conducta nacional: La impuntualidad, que muchos suelen justificar con el prurito de «¿para qué llegar temprano, si nadie lo hace a tiempo?». Peor aún: Según lo escuché, la inmensa mayoría se abstiene de asistir, amparada en el argumento de la falta de interés de otros, que a su vez actúan en consecuencia. Dadas así las cosas, y no obstante la mística de unos cuantos —por lo visto, fundamentalmente los más antiguos— el destino del CPB parece cada vez más próximo a su silenciosa desaparición.

Desde luego, en mi natural y ocasional circunstancia, entre los asistentes no reconocí absolutamente a nadie, talvez por tratarse de los más veteranos del gremio, a lo mejor ya en uso del buen retiro, según en gran parte sus edades oscilaban del medio siglo hacia arriba. Sería, pues, con el desarrollo mismo de los acontecimientos como de a pocos pude ir identificando a los actores más relevantes de la sesión.

Tampoco encontré en el auditorio a ninguno de los más nombrados en los medios —y también llamados a lista— tales como el expresidente Belisario Betancur, los directores de noticias Yamid Amat, Juan Gossain y Darío Arizmendi, además del humorista (!) Guillermo Díaz Salamanca, entre otros. Aunque sorprendida por la inclusión de «El hombre de las mil voces» en el Círculo, fuera de chiste pensé que igual derecho de asociarse al CPB les asiste a otros famosos del humor, como, por ejemplo, Pedro González, alias «Don Jediondo». En fin, no sólo desconozco el perfil estatutario del Círculo, sino que ahora no es esta la discusión.

Muy en serio, y en rigor del papel que le corresponde como veedor y testigo del acontecer y como conciencia dentro de la sociedad, y en momentos tan cruciales del país —y en particular para el cabal ejercicio y para la misma dignidad de la profesión— hoy más que nunca cabe preguntarse: ¿Por qué el CPB, un gremio con 62 años de tradición y con semejantes personalidades a bordo, no alcanza la verdadera trascendencia de unidad y poder de convocatoria, para el efectivo cumplimiento de su misión moralizadora, crítica, fiscalizadora, democratizadora y progresista, postulado que muy seguramente inspiró su fundación?

La inquietud queda planteada sobre todo cuando temas como las dificultades del quehacer periodístico en Colombia son materia de constante preocupación y alarma entre diversas organizaciones internacionales de prensa a partir de estadísticas como las de los periodistas amenazados, asilados o inmolados en medio del conflicto interno, y en últimas, a raíz de episodios tan controvertidos y tan sensibles como los de Jorge Enrique Botero y Hollman Morris por su presencia en las últimas jornadas de liberación de secuestrados en poder de la subversión.

Tras una breve. pero suficiente ilustración sobre el momento de la entidad, el socio Juan Darío Lara propuso que el CPB abandone el ostracismo y el estancamiento, y asuma la recuperación de su liderazgo de opinión y su prestigio como gremio, para lo cual consideró imperativo designar como cabeza visible —inclusive si es del caso, a título honorífico— a un periodista de reconocida imagen y suficiente eco entre la opinión pública, ya por sus méritos como columnista, ya como reportero en medios de comunicación de señalada importancia.

Era de esperarse que la reunión resultara interesante y constructiva, sobre todo cuando el asunto tenía ya un trasfondo, ventilado en diversos medios de comunicación: Con razón o sin ella, la llamada «crisis del CPB». Sin embargo, el tema se quedó en el aire, puesto que el debate se desviò hacia discusiones más de carácter particular, que de trascendencia para el presente y el porvenir de la entidad, de sus socios y de la profesión misma.

La asamblea, que no pudo deliberar por falta de quórum, había sido convocada para reemplazar a dos de los miembros de la junta que pocos días después de haber sido elegidos habían renunciado el 2 de diciembre último. Tampoco fue posible conocer los motivos que originaron las dimisiones de los socios Amílkar Hernández y Margaret Ojalvo. Por supuesto, ambos quedaron en deuda con sus colegas. Así las cosas, la actual coyuntura no responde al compromiso de la minorìa empeñada en que el CPB sea mucho más que una una vaga y nostálgica referencia de épocas mejores.

Si bien para mí —por razones de mi generación— los asistentes constituían en general un pequeño conglomerado de rostros sin nombre ni apellido —pero con una inclaudicable vocación de salvar al CPB— aún mucho más abstracta me resultaba la identidad de aquella enorme mayoría ausente. No obstante, y al menos por simple curiosidad —la misma que me llevó a vivir esta experiencia furtiva— me di a la tarea de investigar y consignar en mi libreta de apuntes los nombres más «visibles» de quienes no concurrieron, y cuya presencia probablemente hubiese evitado el fiasco de la convocatoria.

Según la memoria espontánea de uno que otro socio que me sirvieron de fuente, faltaron a la cita miembros como los siguientes: los expresidentes del CPB Oscar Alarcón, Fernando Barrero, Gustavo Castro Caycedo y César Mauricio Velásquez, Fernando Álvarez, María Cristina Alvarado, Antonio Andraus, Javier Ayala, Jinet Bedoya, Antonio José Caballero, Fabio Callejas, Carlos Chica, Rodrigo Dueñas, Lucía Esparza, Oscar Gálviz, María Teresa Herrán, Athala Morris, Gloria Pachón, Amparo Peláez, Ricardo Peláez, Amparo Pérez, Guillermo Pérez, Carlos Piñeros, Orlando Plata, Jairo Pulgarín, Rafael Poveda, Hugo Sierra y Alberto Saldarriaga. Sobre el último de los nombrados escuché decir que es un excelente moderador y mediador, y quien, a no dudarlo, en mala hora estuvo ausente.

Para quienes aspiramos a ingresar algún día a esta organización, ojalá en la asamblea prevista para este sábado 28 de marzo se complete el quórum, reine la sensatez y gane la causa, que es la del gremio aún disperso, suerte que deja en grave entredicho el futuro inmediato del Círculo y de la profesión misma, que enfrenta los mayores desafíos de su historia y en todo el espectro: académico, gremial, laboral, de la seguridad social, de oportunidades, de especializaciòn, reconocimiento a la profesión, del libre ejercicio, de la dignidad periodística... etc.

A este ritmo de cosas, me pregunto: ¿Se extinguirá el CPB por sustracción de materia?

P. D. Para quienes se pregunten cómo llega este blog a su buzón, es muy sencillo. Aquí, un primer correo conduce a otro (s), y así sucesivamente. Preguntando se llega a Roma.

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